“Cada cerebro es irrepetible; el profesor debe tener mirada de jardinero con cada uno de sus alumnos” – Begoña Ibarrola

Psicóloga y terapeuta infantil, esta profesora una de las voces más autorizadas en educación de las emociones y musicoterapia. Acumula más de 20 años de experiencia en el aprendizaje de niños con problemas de conducta. Begoña Ibarrola visitará Tarragona el próximo 19 de mayo dentro del congreso EduMindUp! de neurociencia en el aula, donde analizará las relaciones entre cerebro y aprendizaje: conocer la fisiología cerebral y los procesos neuronales significa, a su juicio, hacer una clase mejor.

¿Qué certezas tiene usted sobre el funcionamiento del cerebro que aprovecharía mejor en la preparación de una clase?
Los estados emocionales resultan de un sistema complicado de mensajes químicos a través de nuestro cuerpo que a su vez afectan a lo que percibimos y en lo que tenemos enfocada nuestra atención momento a momento. Las emociones son así “los guardianes del aprendizaje” y son importantes tanto para el que aprende como para el que enseña.

¿Puede ser más concreta?
Hoy se sabe que un alumno sometido a estrés no puede rendir lo suficiente, y aun así se le sigue valorando, casi exclusivamente, en función de su rendimiento en los exámenes. Mi experiencia me dice que sigue habiendo alumnos que aun habiendo estudiado y sabiendo que saben, son incapaces de demostrarlo por no saber controlar su nivel de ansiedad y se quedan “en blanco”.

¿Qué más puede hacer el profesor por sus alumnos?
He constatado que un alumno puede no estar motivado a la hora de aprender por no encontrar ninguna experiencia de éxito o ninguna experiencia positiva de aprendizaje que refuerce su autoconfianza. Está demostrado que los agentes de nuestro sistema de motivación son las experiencias positivas en las relaciones y los lazos afectivos que se establecen en el aula. Todo alumno, para estar motivado, necesita atención emocional, elogios, reconocimiento y experiencias de éxito que le hagan sentirse competente.

¿Hasta qué punto es clave trabajar con las emociones?
Muchos profesores se quejan de que sus alumnos no atienden y no podemos olvidar que en los procesos de aprendizaje, la atención y la memoria, están dirigidos emocionalmente y que las emociones están constantemente regulando lo que se experimenta como realidad. Gracias a las emociones se almacenan y evocan memorias de forma más efectiva y se elaboran contenidos relacionados con cualquier función mental. Por eso cuando la emoción se apaga, cuando el interruptor se desconecta, las consecuencias para el aprendiz son muy negativas.

¿Queda mucho margen para lograr que los alumnos aprendan mejor?
Por supuesto, sobre todo en temas relacionados con la motivación. La motivación es el motor del aprendizaje y es esencial para poder aprender, por eso llevar a cabo una buena programación del aprendizaje supone tener en cuenta la continua conexión entre las áreas cerebrales corticales (más racionales) y las áreas más emocionales, localizadas en el sistema límbico. Es decir, todos los procesos cognitivos tienen una base emocional, por eso trabajando las emociones se progresa en el aprendizaje de lo más racional. Emoción y motivación son los que dirigen la atención sobre qué informaciones se archivan en los circuitos neurales, y por tanto, se aprende siempre que se concentre en una actividad central.

¿Y cómo influyen las emociones negativas?
No debemos asociar el error al fracaso. Si se produce estrés o un miedo excesivo ante diferentes situaciones educativas, se segrega una hormona, el cortisol, que bloquea el hipocampo, que es la parte del cerebro donde se localiza la memoria y se produce la génesis de nuevas neuronas. Se impediría llevar a cabo nuevos aprendizajes o el recuerdo de los ya adquiridos. Cierto nivel de ansiedad favorece la adquisición de nuevos conocimientos o el recuerdo de los mismos, pero en exceso, los impide.

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